jueves, 9 de marzo de 2017

Sí hubiese jugado ajedrez Erich Fromm.






El amor a la vida, al hombre y a la independencia.

De Freud piensa que nos dejó una buena casa, precisada de arreglos. Se define como homo humanisticus. De nuestra sociedad piensa que es tecnocrática, enajenada, deshumanizada, irracional y más o menos autoritaria. Las revoluciones validas como decía Tolstoi, son las que se efectúan en uno mismo. Acepta haber aportado un conocimiento del hombre, de la sociedad y de la historia.

El psicoanálisis humanista es un viaje al espacio interior. La vivencia de mi inconsciente es la vivencia de mi universalidad -reconocer ser igual a otros- de mi humanidad, significa: conocerme como ser, nada de lo que es humano me es ajeno. Me permite, amar al desconocido, me ha dejado saber que no soy un extraño más para sí mismo. Sobre Jung opina que es un oportunista, romántico reaccionario y carente de compromiso político.

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Se le explica al filósofo, sociólogo, políglota, psicoanalista, pensador, que al nombrársele una palabra deberá mencionar en forma libre lo que le venga en mente. A continuación la trascripción de las palabras estimulo, así como sus respuestas.


El poder.

El poder; al crear el temor a predisponer al hombre a tomar la ficción por realidad, las ilusiones por la verdad. Volvió al hombre incapaz de independencia. Embota su razón y sus emociones.


Fromm con su madre.

Conocimiento.

Una manera de conocer: es la comprensión de un objeto de forma impersonal y objetiva. La otra es la experiencia activa de una persona, una relación concreta y personal más que una abstracción. El conocimiento de otra persona requiere estar dentro de ella, ser ella.

Ajedrez.

Una actividad donde los problemas deben ser resueltos: con la razón, con la imaginación y con la conciencia. Una necesidad de realizar, de que lo que se hace tenga impacto, despierte interés y sea objeto de una respuesta de los demás. El principio de efectividad se hace presente por el amor y el trabajo productivo.

Ajedrecista.

Un ser en busca de respuestas. Hay quien convierte la existencia en un simple medio de sobrevivencia para alcanzar el éxito, justifican con este esfuerzo la razón de su existencia. Se halla quien vive creándose a sí mismo hasta lograr la armonía con la existencia. Se mudan del egocentrismo, esto los impulsa a un nuevo salto hacia mejores búsquedas, a la experiencia de unidad con todo lo que existe para llegar a ser. Buscan también el desarrollo óptimo de la totalidad del medio social. Responden al dilema de la existencia con la mejor de las respuestas; estar siendo.


"El ajedrecista se hace solo"

-Grado de narcisismo no compatible con la cooperación social. El humano tiene que relacionarse a sí mismo, con otros para encontrar la forma de sustituir las raíces que en la naturaleza tienen los demás animales (instinto) La supervivencia emocional es la necesidad de estar relacionados con otros para defenderse, para jugar, para educarnos, para trasmitir conocimiento y obtener satisfactores.


La felicidad.

- La felicidad debería de ser algo que fuera fruto de la creatividad, la autenticidad, conciencia, de la sensibilidad a todo en la vida, al hombre y la naturaleza. La felicidad no excluye a la tristeza, si una persona reacciona a la vida, alguna veces se sentirá feliz, otras triste. Lo que importa es que reaccione.


Inteligencia artificial

El peligro del pasado era que los hombres fueran esclavos. Pero el peligro del futuro es que los hombres se conviertan en robots.

Educación y ajedrez.

La "condición humana" es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc. Los niños deben vivenciarse como el otro, reconocer ser igual a otros, seres humanos. Alentarles el sentido de la convivencia dentro de un ánimo de necesidad de comunicación, de sociabilidad, de cooperación, de amistad, de amor, de relación, de estabilidad emocional, de calidad de vida, no de odio al competidor, de codicia de cantidad de triunfos. Propiciar el germen latente de creación del niño. Favorecer el ser.

Instructor.

Quien sabe de las capacidades, de las potencialidades del niño para amar, para ser feliz, para hacer uso de su razón, estas son semillas que crecen cuando cuenta con las condiciones apropiadas para su desarrollo. Quien da, se realiza en pleno progreso de uno y del otro como meta suprema de vivir.





¿Usted es socialista?

Soy socialista, y sin embargo, tengo que añadir que lo que yo entiendo por socialismo es justo lo contrario de lo que mucha gente ó la mayoría de la gente piensa del socialismo hoy día. Yo entiendo por socialismo una sociedad en la que el objetivo de producir no sea por la obtención de beneficios, sino por la necesidad de su uso, en el cual los ciudadanos participaran responsablemente en su trabajo y en toda la organización social, y en la que el individuo no sea un medio utilizado por el capital.

Los tramposos.

Lo contrario al síndrome de crecimiento que es: amor a la vida, objetividad, independencia y libertad. Parten de un mismo afán del hombre: la efectividad, pero con una respuesta negativa, inmadura, quienes les importa tener, no ser.

Hinchas.

La conformidad puede actuar como un consuelo y una reducción de la ansiedad; el individuo puede sentirse cómodo formando parte de una multitud.

¡La tenía ganada!

Las satisfacciones obtenidas en la fantasía tienen una doble función característica de todo narcótico obran como analgésico y a la ves como freno al cambio activo de la realidad.

Intuición.

No, seguir los caminos lógicos. Es la brújula del presentimiento.



El peón.

El peón igual que el hombre no puede volver hacia atrás, pero a la vez, no sabe hacia dónde ha de avanzar para crear su propio espacio, cada nuevo paso encierra el peligro de fracasar. Debe dedicarse a la búsqueda de la mejor respuesta que pueda encontrar y trascender.

Gran Maestro.

Debe ser ante todo inspirador -ha aprendido ejercitar un arte- debe convertir a quien entrañe o posea la simiente (niño, joven, adulto) en un maestro. Si es productivo estimulará, trasmitirá, encumbrará, sin temor a la rivalidad, a la competencia. Creará, sabe que entre más da, más tiene, que en esta empresa auto alimentadora, trasciende.

Psicoanálisis humanista.

El humanismo se caracteriza por la fe en el hombre, en el sentido de sus potencialidades, en la unidad de la raza humana y en el amor como fuerza que permite al hombre convertirse en lo que puede llegar a ser. El psicoanálisis es un método para la realización concreta de la idea humanística, Es la vivencia de la humanidad dentro del individuo mismo, al tener conciencia de mi inconsciente, nada de lo que sea humano me es ajeno, me conozco como ser humano, todo lo humano lo llevo dentro de mí. Amo al extraño porque ha dejado de serlo para mí mismo.




El amor.

El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.

¿Cómo el mismo juego ciencia?

Sí, como aprender a jugar bien al ajedrez

¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte?

El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades. Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarle después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte.

Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte -el dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia; nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor-. Y quizá radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en tan contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor.

Conformismo.

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos -y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría. El consenso de todos sirve como prueba de la corrección de «sus» ideas. Puesto que aún tienen necesidad de sentir alguna individualidad, tal necesidad se satisface en lo relativo a diferencias menores; las iniciales en la cartera o en la camisa, la afiliación al partido Demócrata en lugar del Republicano, a los Elks en vez de los Shriners, se convierte en la expresión de las diferencias individuales. El lema publicitario «es distinto» nos demuestra esa patética necesidad de diferencia, cuando, en realidad, casi no existe ninguna.



Fromm y su esposa Annis

¿Qué se requiere para dominar un arte?

Paciencia disciplina y concentración. Si el arte no es algo de suprema importancia, el aprendiz jamás lo dominará. Seguirá siendo, en el mejor de los casos, un buen aficionado, pero nunca un maestro. Esta condición es tan necesaria para el arte de amar como para cualquier otro. Parece, sin embargo, que la proporción desaficionados en el arte de amar es notablemente mayor que en las otras artes.

La disciplina.

Levantarse a una hora regular, dedicar un tiempo regular durante el día a actividades tales como meditar, leer, escuchar música, caminar; no permitirnos, por lo menos dentro de ciertos límites, actividades escapistas, como novelas policiales y películas, no comer ni beber demasiado, son normas evidentes y rudimentarias. Sin embargo, es esencial que la disciplina no se practique como una regla impuesta desde afuera, sino que se convierta en una expresión de la propia voluntad; que se sienta como algo agradable, y que uno se acostumbre lentamente a un tipo de conducta que puede llegar a extrañar si deja de practicarla.


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Uno de los aspectos lamentables de nuestro concepto occidental de la disciplina (como de toda virtud) es que se supone que su práctica debe ser algo penosa y sólo si es penosa es «buena». El Oriente ha reconocido hace mucho que lo que es bueno para el hombre -para su cuerpo y para su alma también debe ser agradable, aunque al comienzo haya que superar algunas resistencias.

Concentración.

Estar concentrado significa vivir plenamente en el presente, en el aquí y el ahora, y no pensar en la tarea siguiente mientras estoy realizando otra.

El comienzo de la práctica de la concentración es difícil; se tiene la impresión de que jamás se logrará la finalidad buscada. Ello implica, evidentemente, la necesidad de tener paciencia. Si uno no sabe que todo tiene su momento, y quiere. Antes de que me pregunte sobre la paciencia le diré: para tener una idea de lo que es la paciencia, basta con observar a un niño que aprende a caminar. Se cae, vuelve a caer, una y otra vez, y sin embargo sigue ensayando, mejorando, hasta que un día camina sin caerse. ¡Qué no podría lograr la persona adulta si tuviera la paciencia del niño y su concentración en los fines que son importantes para él!

La concentración es, con mucho, más difícil de practicar en nuestra cultura, en la que todo parece estar en contra de la capacidad de concentrarse. El paso más importante para llegar a concentrarse es aprender a estar solo con uno mismo sin leer, escuchar la radio, fumar o beber. Sin duda, ser capaz de concentrarse significa poder estar solo con uno mismo -y esa habilidad es precisamente una condición para la capacidad de amar-. Si estoy ligado a otra persona porque no puedo pararme sobre mis propios pies, ella puede ser algo así como un salvavidas, pero no hay amor en tal relación.




Fumar.

Es uno de los síntomas de la falta de concentración: ocupa la mano, la boca, los ojos y la nariz.

Las instituciones de ajedrez.

Como grupo que se cuestionen siempre, si son realistas y objetivos. Que acepten las críticas, que no las perciban como un ataque. Que sus integrantes estén investidos de una energía de autoestima, que crean en la rectitud.


Por Gabriel Capó Vidal

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